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Mortalidad materna: Una mujer por minuto

Cada año, más de medio millón de mujeres –una por minuto– mueren debido a complicaciones derivadas del embarazo y el parto. La mayor parte de esas muertes podían evitarse. Las complicaciones son, en gran medida, imprevisibles, pero se pueden tratar.
La inmensa mayoría de las mujeres que mueren son pobres y viven en países en desarrollo. En algunos países de Europa occidental, el índice de mortalidad durante el embarazo o el parto es de una mujer por cada 25.000. Pero en el África subsahariana el riesgo de mortalidad materna a lo largo de la vida es de una mujer por cada 26, y aumenta a una de cada 7 en algunos países. En los países ricos, una cifra desproporcionada de las mujeres que mueren proceden de comunidades marginadas y pobres.
Esto es algo más que una emergencia de salud de alcance mundial: es un escándalo de derechos humanos.
Las mujeres tienen derecho a la vida, pero mueren innecesariamente a causa de la pobreza, la injusticia y la discriminación de género. Las mujeres tienen derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, pero para acceder a la atención a la salud se enfrentan a dificultades económicas y sociales. Las mujeres tienen derecho a decidir cuándo quedarse embarazadas, pero a muchas se les niegan los métodos anticonceptivos y el control sobre su propio cuerpo.
La asistencia especializada durante el parto y la atención obstétrica de emergencia son fundamentales para reducir la mortalidad materna. Pero en muchos lugares, los servicios de asistencia médica son de baja calidad o simplemente inaccesibles, sobre todo para las mujeres que viven en la pobreza y las que viven en zonas apartadas.
Cuando las mujeres que viven en la pobreza tienen que pagar la atención médica se producen retrasos en la decisión de ir a la clínica o al hospital, retrasos en el desplazamiento al centro correspondiente debido al tiempo invertido en recaudar el dinero necesario y retrasos en recibir el tratamiento una vez están allí. Estos retrasos pueden ser mortales.
La pobreza lleva a la mortalidad materna, y las muertes y lesiones derivadas de la maternidad hunden más a las familias en la pobreza. Las mujeres que mueren dejan tras de sí familias que luchan por sobrevivir. Cada año, más de un millón de niños y niñas se quedan huérfanos de madre.
La mortalidad materna es reflejo del ciclo de abusos contra los derechos humanos –privaciones, exclusión, inseguridad y carencia de voz– que define y perpetúa la pobreza.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU son objetivos acordados en el ámbito internacional para reducir la pobreza. El Objetivo de Desarrollo del Milenio número 5 pretende conseguir que en 2015 la mortalidad materna se haya reducido en un 75 por ciento con respecto al índice existente en 1990. Sin embargo, muy pocos países van camino de conseguir este objetivo. En el África subsahariana, en donde el problema es más grave, los progresos han sido insignificantes.
La mortalidad materna no es un asunto de salud pública: es una cuestión de derechos humanos crítica. Las mujeres tienen derecho a acceder a servicios que podrían salvarles la vida o impedir que sufran lesiones incapacitantes durante el parto. Los gobiernos son responsables de ofrecer esos servicios. Y son los gobiernos los que deben rendir cuentas si no lo hacen.